OPINIÓN | El #EfectoLasso

Vivimos en una sociedad digital, con altísima interacción virtual en distintas redes sociales, donde los ciudadanos con teléfonos inteligentes y una decente conexión a internet, podemos, y de hecho ejercemos el oficio de comunicar pensamientos, opiniones, actividades sociales, y muchas otras banalidades; en ese entorno, celebramos, idealizamos, criticamos, amamos, y odiamos; todo al mismo tiempo, con un alcance universal y en alta velocidad.

La reciente campaña electoral se desarrolló, principalmente, en redes sociales; y así, tuvimos que convivir con troles, fake news, memes, guerreros digitales, y un sin fin de artimañas nocivas que contaminaron aquel ecosistema virtual dentro del cual habitamos y coexistimos; pues como dijo el filósofo y escritor sur coreano Byung-Chul Han, en su libro  “La sociedad de la transparencia”, vivimos en una sociedad expuesta, cada sujeto es su propio objeto de publicidad. Todo se mide en su valor de exposición.

El hartazgo de la ciudadanía se percibía, una tregua social era imprescindible; es así como, desde que Guillermo Lasso se alzó con la victoria; de golpe, la tensión en el ambiente desapareció casi por completo; la encarnizada guerra digital/electoral fue reemplazada por una acción colectiva positiva, llena de mensajes de esperanza, unión y libertad que se difundieron por las distintas redes sociales, generando una tendencia importante bajo el seudónimo #EFECTOLASSO.

Nadie sabe quién mismo inventó el famoso hashtag, pero desde entonces desfilan en redes sociales miles de relatos ciudadanos, tan espontáneos como subjetivos, que pretenden endosar al #EFECTOLASSO la ocurrencia de éxitos laborales y financieros, recuperaciones de la salud y hasta cuestiones sentimentales o del azar; atribuyendo la súbita buena racha a la elección de Guillermo Lasso.

Más allá de cuestionar la veracidad de los testimonios que yacen en las redes sociales; creo que es justo reconocer que seguramente preferimos consumir mensajes esperanzadores, capaces de contagiar ánimo y fortaleza a un país enfermo de virulencia y pesimismo; nuestra recuperación depende más de la unión y la ilusión, que del odio y los ataques.

A propósito de lo dicho, les comento que Émile Durkheim, sociólogo francés, creó la noción de consciencia colectiva, definiéndola como las creencias compartidas y las actitudes morales que funcionan como una fuerza unificadora dentro de la sociedad. Es decir, descartando visiones o animadversiones políticas podemos interpretar que el #EFECTOLASSO, capaz, sin proponérselo, ha propiciado miles de acciones individuales de ecuatorianos que requerían orillarse detrás de un propósito positivo y sanador para empujar al país hacia la salvación de las múltiples crisis que lo golpean.

Ahora bien, hablando desde un punto de vista más objetivo, debemos señalar que el #EFECTOLASSO impactó de forma notable en la comunidad internacional, organismos multilaterales y mercados financieros a nivel global, todos estos actores relevantes en la geopolítica, han expresado su complacencia con la elección de Guillermo Lasso, augurando perspectivas de inversión y negocios apreciables para una economía urgida de capital fresco para sostener el gasto público y afrontar la pandemia. Asimismo, a escasas horas del triunfo de Lasso, el riesgo país del Ecuador descendió ostensiblemente, como una señal de confianza financiera mundial en el presidente electo.

Para finalizar, como el mismo Guillermo Lasso reconoció, la percepción de su elección ha sido inmensamente positiva, ahora corresponde trasladar dicha percepción en una realidad de bienestar y progreso para el pueblo. Imagino que el presidente Lasso es consciente de las inmensas esperanzas que se han depositado en su futura gestión; pero sólo no puede, la inmensa crisis que atravesamos demanda de una ciudadanía unida y atenta, participativa y protagonista; que el hashtag #EFECTOLASSO sea un comienzo, no un fin.

Jhon F. Kennedy dijo, “No preguntes que puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”, es momento de poner nuestro contingente a disposición de la nación; no olvidemos que si bien es cierto, en el mundo financiero el riego país bajó, en lo político, Ecuador sigue siendo un país en riesgo.

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