OPINIÓN | El Gobierno, alcaldes, y su fórmula imperfecta para enfrentar la pandemia

El presidente Lenin Moreno, hace escasos momentos, en la más absoluta soledad, rodeado únicamente de gigantes pantallas que proyectan una realidad invisible para los impávidos telespectadores, en cadena nacional acaba de anunciar al Ecuador, que la responsabilidad de resolver cuales ciudades salen del aislamiento social (cuarentena general y mínima acción público-privada) y pasan a la etapa del distanciamiento (cuarentena excepcional y progresivo retorno a las actividades económicas) corresponderán exclusivamente a los alcaldes, como líderes cantonales, y quienes se supone, conocen mejor a cada una de sus comunidades. Automáticamente, el país se encendió.

Para vislumbrar cómo esta fórmula imperfecta para enfrentar al COVID-19 fue lanzada a la nación de manera imprevista e insospechada, vale revisar las condiciones que procrearon al híbrido que acaba de nacer.

Desde el primer día de la crisis sanitaria que azota al país, ha existido una sola voz, un solo organismo rector de la emergencia, el COE nacional, y sus ramificaciones provinciales y cantonales, estas últimas, como simples ejecutoras de las normas y directrices emitidas por su matriz. Siendo de fácil comprensión, avizorar que acciones como el toque de queda, los salvoconductos, la vocería de las cifras oficiales, la comunicación, y demás operaciones que han marcado la cuarentena, son de autoría del gobierno central, a través de su brazo ejecutor, el COE nacional.

Por supuesto, y como era de esperarse, ninguna de las maniobras emprendidas por el ejecutivo han estado exentas de críticas, ni ajenas a errores; siendo coherentes con la realidad mundial, ningún gobierno en el planeta, ha sido inmune a imprecisiones y yerros garrafales, más allá de los aciertos que han venido acompañados de trágicos números de víctimas mortales y millones de contagiados, el escenario de enfrentar a una pandemia tan implacable y desconocida como el COVID-19, ha cargado un enorme peso a los líderes del mundo.

En el ámbito local,  en un entorno agravado por inmensas dificultades económicas de vieja data, teniendo un sistema de salud con insuficiente capacidad para afrontar la magnitud de la pandemia, con una grave crisis política reflejada especialmente en la asamblea nacional mayoritariamente contraria al ejecutivo, con el clamor de recursos disparados desde los organismos descentralizados, y una población incrédula y ansiosa, arrinconada en un encierro que languidece la salud y golpea las finanzas familiares; tenemos a un gobierno (golpeado por pugnas internas, escándalos de corrupción, y problemas para comunicar una estrategia clara) con un margen de maniobra escaso.

Entonces, cómo comprender que el ejecutivo, súbitamente, ceda la potestad de resolver uno de los temas de mayor relevancia en la lucha contra el corona virus, denominado por el COE nacional, como el regreso a la nueva normalidad, o también definido, como pasar del aislamiento al distanciamiento social. Me temo que la respuesta es más política que técnica.

Pues llegó la hora de compartir. La estrategia que parece haber establecido el gobierno nacional, radica en entregar a los GAD´S cantonales, el peso político de la decisión más cuestionada por la ciudadanía en los últimos días, desde que se marcó al 04 de mayo, como el punto de partida del retorno a la nueva normalidad, aquella etapa, que según los voceros del COE nacional, era impostergable, pues el encierro y la economía nacional, dejaron de ser compatibles, será a partir de ahora, responsabilidad de los alcaldes, a ellos se les ha entregado el futuro de los ecuatorianos.

Varios de los líderes de las urbes más pobladas del país, ya habían mostrado su rechazo a retornar tan pronto a una normalidad para la cual no se sienten preparados; y muchos otros, una vez que sintieron el fragor de la papa caliente remitida desde Carondelet, no tardaron en renegar a tamaña responsabilidad, no al menos, sin beneficio de inventario. La demanda por recursos impagos, por pruebas para realizar campañas masivas de detección de contagiados, exigencias de equipamientos hospitalarios, y mayores recursos humanos para atender a los enfermos, son los adornos que engalanan la principal de sus preocupaciones, la política.

Qué alcalde del país, estará dispuesto a levantar el aislamiento estricto que viven sus conciudadanos, para pasar a una apertura progresiva de actividades, siguiendo los lineamientos del COE nacional?. La respuesta por ahora es bastante obvia, creo que ninguno. Y es que eso de hacerse cargo de las vidas y la salud de la población, sin recursos y autonomía suficiente, a todos los alcaldes les debe parecer como un suicidio político y social, he allí su rechazo generalizado. Me parece que el gobierno intentó apagar una vela, y terminó encendiendo una hoguera.

Los expertos y la historia marcan que las crisis de esta magnitud, se las combate desde una férrea unidad nacional que proyecte una mancomunidad de ideas, propuestas, estrategias; una equivalente repartición de los riesgos, el dolor y la muerte propia de estas tragedias, así como también, una justa distribución de los honores y las mieles de la victoria. Esa es la fórmula perfecta, para desafiar a un enemigo común y titánico como el que enfrentamos.

Por ahora, lo único que tenemos, es un semáforo en rojo, al que ningún político quiere tocar, mientras el resto de la población, aguardamos a ver qué pasa.

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