OPINIÓN | El Plan de Vacunación, cuestión de vida o muerte

Las promesas electorales rara vez se cumplen, es una creencia generalizada en el pueblo que hoy sufre la pandemia del COVID-19; razón por la cual la oferta de campaña del presidente electo, de vacunar a 9 millones de personas, en los primeros 100 días de gobierno, representa para los ecuatorianos mucho más que una promesa electoral; pues nunca el ofrecimiento de un político significó para los votantes, literalmente, la diferencia entre la vida y la muerte.

Guillermo Lasso es consciente del inmenso peso de su promesa electoral; sabe que tanto sus opositores como sus adeptos, estarán constantemente examinando el desempeño de la vacunación masiva ofrecida. Lasso desde su elección se ha puesto a trabajar en ello, consolidando estrategias y acciones que le permitan alcanzar lo que parece una utopía política, que a priori, luce más como una espada de Damocles que amenaza a su naciente gobierno.

A continuación, abordaremos varios de los retos que deberá enfrentar el gobierno de Lasso para conseguir la meta propuesta:

  • Conseguir una Tregua Política: el sistema democrático, típicamente, le ofrece al presidente electo una especie de tregua política en sus primeras acciones de gobierno. No obstante, dicha tregua, en esta época de urgencias, se antoja tan necesaria como compleja de obtener.

Lasso requiere propiciar las condiciones óptimas para asegurar un margen de maniobra que le permita ejecutar su plan de vacunación con el apoyo de las fuerzas políticas representadas, principalmente, en una Asamblea Nacional dividida en bloques preocupados, por ahora, en captar el poder interno del legislativo mientras se atrincheran en la comodidad de la “oposición constructiva”, pensando más en su capital político que en la vida de los ecuatorianos.

  • Diplomacia de la Vacuna: Sin vacunas no hay plan que sirva, y el presidente electo lo sabe. Por eso, está empeñado en generar todo tipo de gestiones diplomáticas con gobiernos amigos, organismos multilaterales, y laboratorios farmacéuticos; para lo cual, Lasso se desprendió de sus recelos con la utilidad de la vacuna rusa Sputnik V; o postergó las condiciones con las que piensa replantear la relación política con China (fabricante de la vacuna Sinovac).

Cualquier obstáculo de índole ideológico o geopolítico deberá erradicarse; la prioridad del presidente Lasso y del país, es vacunar a la mayor cantidad de ecuatorianos, lo más rápido posible; así lo refleja su diplomacia de la vacuna (como él la ha denominado), pues en la tarea de salvar vidas y reactivar la economía, no debe intervenir la ideología.

  • Aprender de los errores de Moreno: la evaluación del plan de vacunación de Moreno, a pesar de las mejoras recientes (ha llegado a vacunar a 90 mil personas en un día), sigue teniendo una calificación deplorable. Es imposible olvidar los escándalos ocurridos en este traumático proceso, desde vacunados VIP, ministros de salud que duran horas en el cargo, hasta el maltrato y desorganización en la inoculación de adultos mayores.

La raíz del problema radica, esencialmente, en que Lenin Moreno delegó una responsabilidad, que por su relevancia y complejidad, era indelegable. Guillermo Lasso ha expresado que tendrá directo control de la ejecución del plan de vacunación, asumiendo directamente la responsabilidad política del éxito o fracaso de su promesa de campaña.

  • Unidad Ejecutora del Plan de Vacunación: La salud es una competencia exclusiva del Estado; no obstante, las circunstancias que vivimos son extraordinarias y sin precedentes; particular que impulsa al presidente electo a tomar decisiones radicales. Lasso ha resuelto crear una Unidad Ejecutora que diariamente reporte y responda exclusivamente al presidente.

Esta especie de Brain Trust (consejeros del presidente norteamericano Roosevelt, durante la gran depresión) estará liderado por el empresario Carlos Cueva, presidente del Grupo Difare, experto en almacenamiento, logística y distribución de productos farmacéuticos; teniendo como objetivo aportar con prácticas eficientes del sector privado que sumen a las potencialidades del sistema de salud estatal, en una simbiosis virtuosa que garantice la cadena de provisión y aplicación de las vacunas.

Para terminar, los dejo con una frase del filósofo francés Francisco de La Rochefoucauld, quien dijo: “Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores”.

La promesa electoral de Guillermo Lasso tiene al Ecuador conviviendo con la esperanza del éxito, y con el temor del fracaso; para el pueblo, que el presidente electo cumpla con este ofrecimiento de campaña no es una cuestión política, para el pueblo, la vacunación simplemente es cuestión de vida o muerte.

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