Diario El Universo.-
El agua que se acumula en una represa no termina en la pared del embalse. Cuando los niveles aumentan y es necesario realizar una descarga controlada, el caudal continúa su recorrido por ríos, canales y zonas pobladas.
Saber por dónde pasará esa agua y qué encontrará a su paso debería ser parte de la planificación de los municipios; pero, según Santiago Aro, coordinador zonal de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) para Manabí y Santo Domingo, esa información no está suficientemente incorporada en los planes de varios gobiernos autónomos descentralizados.
El funcionario puso como ejemplo a Tosagua y cuestionó que los municipios no hayan realizado el mapeo de las zonas que podrían verse afectadas por la operación de las represas.
“Ese mapeo es responsabilidad del Municipio”, explicó Aro. Según el funcionario, esos mapas deben permitir establecer protocolos para determinar cuándo se puede abrir una compuerta, cuándo no hacerlo y qué cantidad de agua distribuir, considerando además la expansión de las zonas agrícolas y la población que se encuentra aguas abajo.
El escenario que preocupa antes de las lluvias
Manabí cuenta con tres grandes embalses vinculados a sus principales sistemas hídricos: Poza Honda, La Esperanza y Río Grande. Además, la provincia aprovecha agua del embalse Daule-Peripa mediante los sistemas de trasvase.
Sus capacidades de diseño son de aproximadamente 100 millones, 450 millones y 75 millones de metros cúbicos, respectivamente.
Son infraestructuras construidas precisamente para regular el agua: almacenarla durante los periodos de abundancia, utilizarla para riego y abastecimiento y ayudar a controlar las crecidas.
Pero el escenario que ahora adquiere relevancia es otro: ¿qué ocurriría si las lluvias asociadas a El Niño incrementan rápidamente los aportes hacia los embalses y los operadores necesitan realizar descargas?
El problema señalado por Gestión de Riesgos es fácil de entender: si hay que evacuar agua, las instituciones deben conocer con anticipación las zonas que podrían recibir esos caudales.
Aro sostiene que esa información debería estar integrada en los planes de acción municipales y conectada con la Empresa Pública del Agua (EPA) y la Secretaría de Gestión de Riesgos; sin embargo, eso no sucede.
La Esperanza: 450 millones de metros cúbicos cerca de Calceta
La represa La Esperanza está ubicada en la parroquia Quiroga, en el cantón Bolívar, aproximadamente a 11 kilómetros de Calceta. Su capacidad de diseño bordea los 450 millones de metros cúbicos.
Es uno de los componentes centrales del sistema hídrico de Manabí.
Desde allí parte el acueducto La Esperanza, que se extiende hacia la zona costera y abastece de agua cruda a sectores de Montecristi y Jaramijó, además de sostener actividades agrícolas en varios cantones.
Poza Honda: el agua que baja hacia el río Portoviejo
La represa Poza Honda se encuentra en el cantón Santa Ana, en la parroquia Honorato Vásquez, en la parte alta del sistema del río Portoviejo. Fue construida entre 1969 y 1971 y fue diseñada para almacenar alrededor de 100 millones de metros cúbicos.
Su importancia no está solamente en el embalse.
El agua regulada desde este sistema continúa hacia el río Portoviejo y alimenta infraestructura de riego y abastecimiento para varios cantones.
El sistema Poza Honda está relacionado con el suministro de agua para Santa Ana, Portoviejo, Rocafuerte, Manta, Montecristi y otros sectores.
La propia infraestructura ha sufrido problemas durante inviernos fuertes.
Un informe técnico de la EPA correspondiente a 2025 documentó azolvamiento de canales, daños en revestimientos, deslizamientos y obstrucciones de compuertas en distintos componentes del sistema hídrico de Manabí. El documento no reportó daños estructurales en el cuerpo de las principales represas, pero sí describió afectaciones importantes en canales, compuertas y obras de distribución.
Para tener una actualización sobre este informe se intentó hacer contacto a través de mensajes y llamadas con funcionarios de el EPA, pero no hubo respuestas.
Río Grande: el agua que debe ser controlada antes de llegar a Chone
En el cantón Chone está la represa Río Grande, parte del Proyecto Multipropósito Chone.
El embalse está ubicado en la zona de Río Grande y fue construido para regular los aportes de esa cuenca y reducir el riesgo de inundaciones en el cantón.
La infraestructura tiene una capacidad de almacenamiento que las fuentes provinciales sitúan en alrededor de 75 millones de metros cúbicos, aunque documentos del proyecto han manejado una capacidad de hasta 113 millones de metros cúbicos según el diseño y las distintas etapas de referencia.
Su sistema de evacuación permite descargar agua hacia el cauce del río Grande.
Frank Mendoza, gerente de la empresa de agua de Chone, explicó que actualmente se realiza un manejo de los niveles del embalse precisamente para mantener capacidad disponible ante la llegada de las lluvias.
Según Mendoza, cuando aumenta el aporte de la cuenca se espera el momento adecuado para evacuar mediante el desagüe de fondo.
El dato más importante es la capacidad de descarga: Mendoza señaló que, con las compuertas abiertas al 100 %, Río Grande puede evacuar hasta 45 metros cúbicos de agua por segundo.
“Ese caudal no desaparece. Se incorpora al sistema del río. De hecho, registros de funcionamiento de la presa muestran que la evacuación mediante el túnel puede utilizarse precisamente para regular los aportes extraordinarios de la cuenca y evitar que las crecidas lleguen directamente a Chone”, explica.
¿Dónde terminaría el agua?
Aro sostiene que muchos datos relacionados con las represas no han sido incorporados adecuadamente a los planes de emergencias municipales.
Incluso señaló que algunas unidades de gestión de riesgos municipales están conformadas por una sola persona, pese a que se trata de territorios vulnerables.
Aseguró que varios municipios tampoco han activado sus COE y que la coordinación territorial sigue siendo insuficiente.
Inamhi: más agua y menos margen para regular las crecidas
El escenario meteorológico añade presión.
Pablo Cornejo Hidalgo, director ejecutivo del Inamhi, explicó que ante lluvias intensas similares a las registradas durante eventos fuertes y muy fuertes de El Niño, los embalses La Esperanza y Poza Honda podrían recibir aportes de agua hasta dos meses antes de lo habitual.
Eso podría acelerar el llenado de los embalses, reducir el volumen disponible para regular nuevas crecidas y aumentar la necesidad de vigilancia y coordinación institucional.
El Inamhi hace, sin embargo, una precisión importante: la información meteorológica por sí sola no permite afirmar que habrá desbordamientos o daños en las represas. La operación depende de los niveles de almacenamiento, la capacidad disponible, las reglas de operación, el mantenimiento y las decisiones de los responsables de cada infraestructura.








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