ATENCIÓN | Pequeños productores de balsa obtienen certificación para fortalecer la gestión forestal responsable

Los pequeños productores forestales enfrentan un desafío que va más allá de obtener una materia prima de calidad: demostrar de dónde proviene, cómo se produce y qué prácticas se aplican para garantizar un manejo responsable de los recursos naturales.

En Ecuador, este reto tiene especial relevancia por la importancia de la balsa en los mercados internacionales. Esta madera, valorada por su ligereza y resistencia, se utiliza en la fabricación de estructuras compuestas, incluidas las palas de los aerogeneradores que generan energía eólica.

En este contexto, un grupo de pequeños productores de Esmeraldas y Manabí obtuvo la certificación del Forest Stewardship Council (FSC), luego de un proceso de acompañamiento técnico impulsado por FSC Ecuador con el apoyo de la Cooperación Alemana GIZ.

La certificación, obtenida el 17 de septiembre, representa un avance en el fortalecimiento de las capacidades de los productores para responder a los requisitos de trazabilidad y gestión forestal responsable.

La experiencia también pone sobre la mesa una dificultad que enfrentan las unidades productivas de menor escala: acceder a herramientas, conocimientos y procesos de evaluación que les permitan demostrar sus prácticas y participar en cadenas de abastecimiento con mayores exigencias ambientales y sociales.

La certificación forestal como oportunidad para los pequeños productores

La certificación FSC establece requisitos relacionados con la gestión responsable de los bosques y, según la modalidad, con la trazabilidad de los productos forestales a lo largo de la cadena de suministro.

Para los pequeños productores, avanzar hacia estos estándares puede implicar cambios en la organización del trabajo, el registro de las actividades y la aplicación de procedimientos que permitan demostrar el cumplimiento de los requisitos correspondientes.

Estos procesos pueden resultar complejos para quienes cuentan con recursos técnicos y administrativos limitados. Por ello, el acompañamiento especializado y la organización colectiva son herramientas importantes para reducir las barreras de acceso.

Jimmy Morejón, gerente de la organización que agrupa a los productores participantes, destacó el valor de este proceso: “Este proceso demuestra que los pequeños productores también podemos organizarnos, mejorar nuestras prácticas y cumplir con estándares internacionales. La certificación abre una oportunidad para que nuestro trabajo sea reconocido y para acercarnos a empresas que buscan balsa de origen responsable”.

Más allá del certificado, el desafío consiste en consolidar las capacidades adquiridas y mantener las prácticas necesarias para una gestión forestal responsable. Esto requiere continuidad, organización y seguimiento.

Ecuador ocupa un lugar relevante en el mercado mundial de balsa. De acuerdo con información del Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca citada en los antecedentes de esta iniciativa, el país abastece cerca del 68 % del consumo global de esta materia prima. La cifra debe contrastarse con la publicación oficial original antes de su difusión.

La madera de balsa se utiliza en diferentes aplicaciones industriales por su baja densidad y sus propiedades mecánicas. Una de ellas es la fabricación de componentes para aerogeneradores, lo que vincula su producción con la cadena de valor de la energía eólica.

Sin embargo, el aprovechamiento de los recursos forestales también plantea la necesidad de fortalecer los mecanismos de trazabilidad y verificar las condiciones en las que se obtiene la materia prima. La certificación puede contribuir a este objetivo, siempre que se considere su alcance específico y se mantengan los requisitos correspondientes.

En este escenario, el desafío para el país no consiste únicamente en mantener su capacidad productiva, sino también en promover prácticas responsables y procurar que las oportunidades generadas por esta actividad alcancen a quienes trabajan directamente en el territorio.

El proceso desarrollado en Esmeraldas y Manabí evidencia la importancia del acompañamiento técnico para que los pequeños productores puedan avanzar hacia estándares de gestión forestal responsable.

Dayanna Jiménez, técnica de Proyectos Forestales de FSC Ecuador, explicó que el trabajo no se limita a la obtención de una certificación, sino que busca desarrollar capacidades que puedan mantenerse en el tiempo.

“El proceso de PRODUBALSE demuestra que los pequeños productores pueden avanzar hacia la certificación FSC cuando cuentan con acompañamiento técnico, organización y herramientas adecuadas. Más allá de la certificación, buscamos desarrollar capacidades que les permitan sostener estos procesos, responder a las exigencias de los mercados y generar nuevas oportunidades. Esta experiencia aporta aprendizajes útiles para otros grupos que buscan avanzar hacia una gestión forestal responsable”, señaló.

Este tipo de iniciativas plantea una oportunidad para ampliar el acceso de los pequeños productores a conocimientos y herramientas que fortalezcan su actividad. También pone de relieve la necesidad de articular esfuerzos entre organizaciones técnicas, instituciones de cooperación y actores del sector forestal.

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