A Byron Pihuave se le quiebra la voz al evocar la última conversación con su hija, Alina Micaela Pihuave Narváez, de 19 años, exreina de belleza del cantón Puerto López. La joven le pidió que la acompañara al velorio de su novio en la parroquia rural de Salango, pero él le prometió asistir al día siguiente, al entierro. La tarde del 27 de diciembre de 2025, Alina tomó un taxi en las afueras de su casa y desde entonces no ha regresado. A dos meses de su desaparición, la familia mantiene la exigencia de que la búsqueda no se detenga.
Mayra Narváez, madre de la joven, asegura que se aferra al último mensaje que recibió por WhatsApp a las 21:12 de ese día: “Mamita, ya voy para la casa, ya le cuento lo que me pasó acá”. “Yo no siento que esté muerta”, repite, convencida de que su hija sigue con vida. El Ministerio del Interior oficializó la denuncia de desaparición, mientras en la sala de la vivienda familiar una pancarta con la imagen de Alina, el Salmo 23 y la frase “Aún te esperamos” se ha convertido en símbolo de vigilia y esperanza.
Horas antes de su desaparición, Alina —estudiante de fisioterapia y reina de Puerto López en 2024— recibió la noticia del asesinato de su novio, Erwin Véliz, conocido como “Gallero”, y del hermano de este, Angelo Véliz. Según el relato de sus padres, salió apresurada de casa tras la llamada, acudió a un subcentro de salud y luego se trasladó a Salango para las honras fúnebres. Regresó a almorzar y cambiarse de ropa, pero cerca de las 16:00 volvió a salir en taxi, tras insistentes llamadas para que llevara prendas del fallecido. Vestía una camiseta de su novio cuando partió.
Al no tener noticias suyas y con el celular apagado, la familia pidió ayuda al sistema ECU-911. Tres policías acudieron al llamado y acompañaron a los padres hasta Salango, aunque —según su testimonio— no ingresaron a la vivienda donde se realizaba el velorio por razones de seguridad. Los familiares recorrieron el malecón, cabañas y sectores aledaños sin obtener pistas. Cuatro días después, agentes de la Dinased hallaron un reloj que pertenecería a la joven en una cabaña abandonada, indicio que abrió nuevas interrogantes sobre lo ocurrido esa noche.
La desaparición se produjo en medio de una escalada de violencia sin precedentes en Puerto López, que dejó al menos nueve fallecidos ese fin de semana y otros hechos atroces en las semanas posteriores, atribuidos a disputas de grupos criminales como Los Choneros. Aunque el Gobierno dispuso una intervención militar y policial permanente en la zona, la familia Pihuave Narváez insiste en que la aparente calma no puede significar olvido. “No sé qué puertas tocar, pero quiero saber qué pasó con mi hija”, clama Byron, mientras las investigaciones continúan sin resultados concluyentes.











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