PERSONAJE | Amador Parrales, refrescando vidas con los cocos en Jipijapa

Amador Parrales un sonriente vendedor de cocos

El sol aquel día había querido jugar al escondite. Había hecho de las nubes, su camuflaje. Un ambiente frío y grisáceo había estado ocupando el lienzo de la realidad.

Hacía tres horas (aproximadamente) que el comercio de Jipijapa había despertado de su lecho. El reloj marcaba alrededor de las 11h45 minutos. Varias voces, varios rostros y un sinnúmero de productos rodeaban mi escenario. A lo lejos, él, su humilde puesto y una gran cantidad de esferitas peludas (cocos). Mi objetivo.

No era la primera vez que yo me acercaba al sujeto, más de una vez había surgido la oportunidad de intercambiar palabras con él. “Buenas. ¿Me da un vasito, por favor?”. Y en seguida, bien mandado, con una sonrisa discreta dibujada en su rostro, se dirigía a servirlo. “Aquí tiene.” “Gracias.” Era así como solía darse un diálogo con aquel hombre. No obstante, esta vez quería que fuese diferente. Mi propósito era sumar unas cuantas frases más al carrito de nuestra conversación.

Mis pasos fueron los mismos que solía realizar cuando iba a comprarle, con la diferencia de que en esta ocasión por dentro mis segundas intenciones ya se asomaban.

Mientras acababa de beber el líquido de mi recipiente, lo observé, analicé y me decidí a dar el paso de terminar con las tres oraciones que formaban nuestra costumbre.

Le entregué la moneda que le correspondía y a continuación, me lancé. “Mucho gusto, mi nombre es Amanda Baque y estudio periodismo”. Un semblante sorprendido se dibujó en su cara, y educadamente estrechó la mano que le había ofrecido como formalismo.

Amador Parrales Pincay es un hombre de baja estatura, contextura delgada, tez trigueña y un bigote que le caracterizaba. Vestía con una camisa, una pantaloneta, unos zapatos deportivos, la raya del cabello hacia un lado y una gran sonrisa.
El señor Parrales comenzó a dedicarse a su trabajo cuando no era tan señor, sino más bien un joven veinteañero. Inició de ayudante de un amigo suyo, mayor que él y padre de familia. De ahí, se independizó y sacó adelante su propio puesto. Su emprendedora venta de agua de cocos.

Él contó que lamentablemente, después de aquel empleo, no le surgió otra oportunidad. Había terminado sus estudios de primaria y parte de la secundaria pero no pudo estudiar una carrera universitaria. Sin embargo, si pudiera haber tenido la oportunidad, la medicina hubiera sido su gran candidata. “Se salvan muchas vidas, me hubiera gustado”.
Don Amado tiene esposa y dos hijos; una niña y un niño. La niña ya terminó el bachillerato y dio la prueba del Senescyt, desgraciadamente no adquirió el puntaje que deseaba para su carrera, justo la misma que le hubiera gustado seguir a su papá. (La medicina y sus altos puntajes.)

Después de eso, su padre cuenta que, desilusionada, ella no ha querido continuar por ahora con sus estudios. Por otro lado, el señor Parrales no pierda la esperanza y conversó que va a seguir apoyando a su hija haciendo todo lo que esté en sus manos para motivarla.

Su hijo menor sigue la misma tradición y asimismo desea adentrarse en el mundo de los doctores; don Amador comentó que su pequeño está mentalizado en conseguir estudiar la carrera. Sea como sea, cueste lo que le cueste.

Lo bueno siempre será bienvenido

Cuando le pregunté al señor Parrales sobre un deseo que él anhelara, su respuesta fue la siguiente: “A estas alturas nosotros no pedimos mucho. Todo lo que sea bueno, será bienvenido. Y si tiene que ser algo en específico sería algún avance para el negocio.” A medida que él me respondió, su rostro no dejó de reflejar optimismo. Se podía notar a la perfección que él no vivía frustrado ni mucho menos tenía signos de infelicidad.

El señor Pincay es católico, y su primer pensamiento al despertar y su último al acostarse siempre es una oración a Dios. En especial, de agradecimiento. “Le agradecemos a él, por regalarnos un día más para nuevamente al siguiente seguir con nuestras labores de trabajo”.

Don Amador es un hombre bastante optimista, él se caracteriza por ser un hombre respetuoso y amable. Él compartió que ya tiene una clientela fija y que por mucho que algunos de sus clientes se hayan ido por años a Estados Unidos, España, Argentina o cualquier otra parte del extranjero, siempre acaban volviendo hacia él. Y a juzgar por el lenguaje corporal que presentó mientras lo contaba, eso lo hace muy feliz.

Preguntas que responde

-¿Cuál es su motor para salir adelante día a día?

“La salud, porque si usted está sin salud aunque usted quiera, no puede hacer nada”, Sus gestos expresan simpleza y sinceridad.

-¿Tiene algún dicho o frase que recuerde y lo motive?

«Uno mismo tiene que motivarse para salir adelante. Uno tiene que ser alegre con uno mismo y con los demás, sino es así, uno no tiene sentido, no es nadie».

¿A usted le gusta a lo que se dedica?

Sin dudarlo, con tono firme y seguro me respondió: «Sí, me gusta».

Amador Parrales Pincay además de ser un gran comerciante, posee un inmenso corazón. La energía que desprende este hombre es perceptible y reconfortante, de ahí su éxito con sus clientes y seguramente por el mismo motivo su éxito con sus colegas del comercio, quienes hace 10 años decidieron proclamarlo presidente de la Asociación Alejo Lascano de Jipijapa.

Finalmente, así como me recibió, se despide. Enseñando sus dientes de oreja a oreja y achinando sus ojos me dice adiós. Automáticamente le devuelvo el mismo gesto. (Por: Amanda Baque)

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