Annabell Verdezoto/Ecuavisa
La historia de Manabí y el Ecuador cambió a las 18:58 del 16 de abril de 2016. Hace 10 años se produjo un terremoto de 7.8 frente a las costas de Pedernales que, en 75 segundos, convirtió edificios enteros en escombros, destrozó carreteras y cientos de familias que lo perdieron todo.
En ese entonces, el Instituto Geofísico confirmó que el temblor se sintió en 23 provincias, así como en la parte sur de Colombia y en el norte de Perú. El terremoto se caracterizó por tener un mecanismo de falla inverso, que concuerda con la zona de contacto entre las placas Nazca y Sudamericana.
En medio de la oscuridad, resonaban los gritos desesperados y el llanto de cientos de familias manabitas. Pedían ayuda para sacar a sus padres, abuelos, hijos, primos, amigos y más, que quedaron atrapados en inmuebles desplomados.
Las entidades de socorro como Bomberos, Policía Nacional, CTE, Cruz Roja, Fuerzas Armadas, Gestión de Riesgos, entre otras, incluso desde otras ciudades, se desplegaron inmediatamente a las zonas afectadas. Tenían que trabajar a contrarreloj.
Según los datos recopilados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), hubo 663 fallecidos. Sus cuerpos eran retirados entre los escombros. Había niños, adultos mayores, jóvenes, familias enteras que murieron atrapados.
En medio de pedazos de techos, paredes, hierros, hubo personas que resistieron y con el paso de las horas y días, fueron rescatadas con vida. La Secretaría de Gestión de Riesgos contabilizó 113 ciudadanos rescatados con vida.
El terremoto dejó 6 274 personas heridas. Se reportaron 12 desaparecidos y 28 775 albergados. Así mismo, como parte de la emergencia, 737 787 kits de alimentos a los damnificados.
El INEC publicó un informe un año después con más cifras de los estragos del terremoto. En el documento de más de 200 páginas, se detalla también que 80 000 personas se desplazaron, esto por la pérdida de sus casas o trabajo.
En cuanto a la infraestructura, se registraron 13 962 viviendas y edificios públicos en la zona urbana y 15 710 en la zona rural, colapsados o por demoler. El fuerte sismo afectó 875 planteles educativos y 120 000 menores de edad quedaron con limitaciones para acceder a clases.
La resiliencia de la gente manabita y la reconstrucción de la provincia
Como parte de las acciones para reconstruir Manabí y también Esmeraldas, en 2016 el Gobierno de Rafael Correa expidió la denominada Ley de Solidaridad, que implicaba un aumento del IVA al 14 % por un año y contribuciones temporales, como rubros sobre las utilidades, aporte sobre el patrimonio, entre otros.
Las autoridades estimaron que se necesitaban USD 3 344 millones para la reconstrucción, según el cálculo de la entonces Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades). La ley entró en vigor en junio de 2016.
Pero luego de una década, faltan obras por construir. En los cantones de Manabí afectados, hay lotes vacíos donde antes se imponían edificios, hoteles, viviendas y entidades públicas. Incluso, la Contraloría General del Estado emitió informes sobre la desviación de los recursos recaudados, lo que derivó en un proceso penal denominado Reconstrucción de Manabí.
La Contraloría determinó que se construyó un parque que costó USD 6.5 millones financiados con esos recursos de solidaridad. Así como obras como la vía de acceso al Puerto de Manta, que costó USD 21 millones, pese a que no fue afectada por el terremoto. Además de campañas informativas, eventos, videos testimoniales y otros rubros.
La entidad indicó que en Portoviejo por ejemplo, se invirtieron USD 660 000 en la construcción de casas que no tenían planos definitivos y no cumplían con la norma. En resumen, Contraloría auditó USD 30 millones y detectó que casi USD 29 millones fueron mal usados.
En este proceso penal, fue sentenciado por peculado el exvicepresidente Jorge Glas así como Carlos Bernal, que era el secretario técnico del Comité de Reconstrucción. Otros siete procesados fueron sobreseídos en 2025.
El sociólogo Wilmer Suárez explicó a Ecuavisa.com que uno de los efectos del 16 A fue la “estructura psíquica en general”. Dijo que el terremoto dejó un daño latente, que continúa por la deficiencia en los sistemas de salud, servicios básicos, entre otros.
Según Suárez, el pueblo manabita transformó el dolor en resiliencia. Que la gente decidió quedarse y seguir combatiendo y dar un paso adelante. Los primeros negocios que se activaron fueron los gastronómicos, comentó.
Una de las personas que decidió quedarse es Gloria Chávez, de Jama. Su hostería quedó en escombros con el terremoto. Ella aún conserva las fotografías del sitio el 16 de abril de 2016 y recordó que solo se quedó con unas cubetas de huevo y arroz esa noche luego del sismo.
Con el paso de los años, se levantó. Poco a poco, se levantaron los postes, paredes, techo y más, del establecimiento turístico. Chávez comentó que tuvo que pedir créditos para reconstruir poco a poco su trabajo.
Gloria estaba endeudada cuando ocurrió el terremoto, justamente como inversión en su hostería. Dijo que nunca la ayudaron con ese tema y pese a lo difícil, logró nuevamente armar el establecimiento donde ofrecen exquisita comida manaba.
Y así, historias como las de Gloria, se multiplican en una zona que quedó devastada. Su espíritu emprendedor y luchador, como dijo el sociólogo Suárez, ha hecho que el dolor se transforme en resiliencia.








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