Terremoto de Manabí: Una maniobra de segundos salvó la vida de Teresa Rodas, tras colapso de paso elevado en Guayaquil

Con el paso de los años, la ausencia pesa más y el dolor aumenta. El 16 de abril de 2016, el terremoto de Manabí dejó una herida profunda en la familia Patiño Rodas. Ese día, Jorge de 55 años falleció luego que un paso a desnivel en la av. de las Américas cayera sobre su auto.

Esa noche, a las 18:58, la tierra tembló. El Instituto Geofísico señaló que el sismo fue de 7,8 y provocó el colapso de edificios y viviendas en Manabí, que fue la provincia más golpeada. Además de esa zona y Esmeraldas, hubo estragos y pérdidas en Guayaquil.

Jorge Patiño y su esposa Teresa Rodas cruzaban por la avenida de Las Américas cuando el puente cayó. Casi la ciudad entera quedó en tinieblas por apagones masivos y no había cómo pedir ayuda porque las telecomunicaciones fallaron.

A los pocos minutos, circularon las imágenes de la estructura colapsada y la de un vehículo negro aplastado, que no alcanzó a salir. Allí iban Jorge con su esposa. En segundos, él logró hacer para atrás el asiento del copiloto y eso logró salvarle la vida a Teresa.

Teresa fue rescatada con vida. Ese fue el inicio de la lucha de toda una familia que perdió “el norte de la vida”, como lo describe Andrea Patiño, tras la ausencia de su papá, Jorge.

10 años después de la tragedia, las secuelas continúan en lo físico y emocional. Ecuavisa.com se contactó con los Patiño Rodas. Andrea contó que su padre era el soporte para la familia.

Teresa Rodas tuvo que ser operada de la columna debido al impacto que recibió dentro del vehículo y que la dejó atrapada por horas, una cirugía a la que considera hasta el día de hoy como un milagro. Andrea Patiño tenía en ese entonces 19 años, estaba cursando el primer semestre de la universidad y su hermana, 16, una adolescente que aún tenía que terminar el colegio.

Luego de la cirugía, Teresa quedó con algunas secuelas físicas. Tiene una prótesis y pasó un largo proceso de rehabilitación y actualmente aún requiere ciertas terapias con electrodos por ejemplo, para disminuir dolores que padece. A eso se suman problemas de hipertensión y un glaucoma.

Un día antes del terremoto, el 15 de abril, Andrea tomó una fotografía a sus papás cuando estaban en el carro. Esa noche iban a una quinceañera. 10 años después, ella no recuerda por qué hizo esa fotografía, pero es una de las últimas de sus padres juntos.

El 16 de abril, en cambio, la pareja iba a un centro comercial a comprar comida para llevar a casa y compartir con sus hijas, pero el trágico destino lo impidió.

Andrea Patiño tuvo que tomar la batuta de su familia para tocar puertas, ser el soporte de su hermana menor mientras su mamá se recuperaba en una clínica. “Tuvimos que batallar, batallar y hasta el día de hoy seguimos luchando”, expresó.

Andrea comentó que no hubo una indemnización por parte de las autoridades locales como el Municipio, aunque, por un tiempo, apoyaron en la colegiatura de su hermana solo hasta la llegada de la pandemia del Covid-19 cuando esa ayuda terminó. Su universidad, en cambio, sí la apoyó hasta que obtuvo su título de tercer nivel.

La joven recordó también que, mientras su mamá estaba hospitalizada, tuvo que realizar un sinnúmero de trámites para gestionar ayuda. “La peor experiencia fue lidiar con la Alcaldía de ese entonces». Necesitábamos atención médica para mi mamá y sentimos que fue una humillación, nos pidieron desistir de un escrito para poder tener un acercamiento con el exalcalde Jaime Nebot, que se comprometió con muchas cosas, pero se cumplió poco”, sentenció.

Teresa, ahora de 65 años aún enfrenta secuelas, hay noches en las que no puede dormir. Para Andrea, estos 10 años han sido duros, con altibajos por dificultades económicas, enfermedades y otras situaciones más que les ha tocado enfrentar solas. Con casi 30 años, aseguró que no sabe si todas las decisiones que toma son correctas, pues su guía, su papá, ya no está.

“Nunca supimos si hubo algún responsable (por la caída del puente). Nunca se pudo honrar el nombre de mi padre, no va por el dinero, ni pensamos en ganar algo de dinero con esto. Solo era la honra de mi padre, que un día lo tuvimos y ya luego no”, contó.

“No esperábamos hallar vida, pero se logró”; así fue el rescate de Teresa

Tras los primeros minutos del terremoto, el Cuerpo de Bomberos de Guayaquil se activó. Sin embargo, antes de desplazar su contingente hacia Manabí, primero se atendieron las emergencias reportadas en la ciudad.

Una fue justamente el colapso del paso a desnivel en la Av. de Las Américas. El mayor Jorge Montanero, jefe de la División Especializada de Rescate, aún recuerda perfectamente la escena. Una calle sumida en la oscuridad, carros siniestrados y un vehículo aplastado por pedazos de concreto.

“Nunca había rescatado un vehículo debajo de un puente. No esperábamos hallar vida, pero se logró”, recordó el brigadista. La primera acción fue retirar pedazos de concreto para luego cortar los fierros retorcidos.

Los bomberos usaron equipos especiales hidráulicos para corta y levantar los escombros. Después de un tiempo, pudieron sacar a Teresa y fue trasladada a un hospital donde posteriormente fue intervenida quirúrgicamente.

El terremoto dejó pérdidas humanas, Jorge es uno de los 663 fallecidos que registraron las autoridades en Ecuador y que están en la memoria de sus familias. Para el mayor Montanero, de lo malo siempre hay algo bueno y eso fue poder salvar vidas: 113 en Manabí y en Guayaquil, a Teresa, que aún es la guía de sus hijas.

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