Jessenia acudió este 16 de abril al cementerio para visitar la tumba de su hija Cecibel, quien murió en el terremoto de 2016 junto a su esposo Gary y su hijo Jean Pierre, de nueve años, durante el colapso del edificio del centro comercial de Portoviejo.
“Aunque a mí me duela como una madre que jamás va a curar esa herida, porque uno aprende a caminar con ella, yo sé que se está gozando ahorita con todas esas almas que se fueron y partieron con el Señor”, manifestó.
La pareja dejó huérfanos a dos niños que hoy son adolescentes. Uno de ellos también estaba con sus padres haciendo compras la noche del sismo. Sobrevivió tras quedar atrapado entre los escombros y ser rescatado 8 horas después. Aún tiene cicatrices en su brazo.
En los cementerios de Portoviejo se realizaron misas para recordar a las víctimas.
En Manta también hubo actos conmemorativos desde la mañana. Una ofrenda floral y un espacio de reflexión en la parroquia Tarqui, que fue la zona cero de la tragedia. Jaime Macías perdió a su madre esa noche. La voz se le quiebra al recordarlo.
“Quedaron nueve atrapados en mi casa y la única que falleció fue mi mamá, que la sacamos viva. Me dice: ‘Mijo, no quiero morirme’. Sobrevivió hasta la FAE, pero ya no aguantó los golpes”, lamentó.
La fecha también motivó encuentros académicos y espacios de análisis. En la Universidad Técnica de Manabí se realizó una jornada de conferencias en la Facultad de Ingeniería, donde se destacó que hoy la formación profesional pone mayor énfasis en técnicas de construcción sismorresistente.
“Después del terremoto fue que se dio más impulso a construir con aisladores sísmicos, con disipadores de energía, con tecnología de punta”, dijo el docente universitario Roberto Aguilar.
La Secretaría de Gestión de Riesgos también realizó actividades educativas en la Universidad San Gregorio. Allí, un vehículo simulador de sismos permitió enseñar a los asistentes cómo reaccionar ante un movimiento telúrico de gran intensidad.
Así, el décimo aniversario del terremoto de Manabí no solo está marcado por el recuerdo de las víctimas, también abre un espacio para pensar en cómo prepararse cuando la tierra vuelva a temblar.










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